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Jóvenes marroquíes agreden (de nuevo) a una pareja gay en Vitoria, pero los responsables son la Iglesia Católica, Federico y el PP

En Amsterdam, las palizas por parte de jóvenes marroquíes a homosexuales en el mismo barrio gay holandés se han disparado, y las parejas ya no se atreven a ir por la calle mostrando que “son homosexuales”. La organización pro-defensa de los derechos de los homosexuales en Holanda, COC, ha pedido que a los detenidos por agresiones se les prohíba acceder al barrio gay. Así de “contundente” es la medida que propone el equivalente al COGAM neerlandés.

Pero qué se puede esperar en el país que más ha promovido el “multiculturalismo” y que previsiblemente sea devorado por él.

Y aquí vamos por el mismo camino, visto lo visto. De nuevo, apenas unas semanas después de la agresión a una jóven de 15 años en Madrid, se produce otra aunque esta vez en Vitoria. El agredido, que cometió el “sacrilegio” y la “indecencia” (por favor, nótese el toque irónico) de llamarlos “moros”, ha pedido perdón por la expresión de “tan mal gusto” y además les ha perdonado la paliza.

Mientras tanto, los que comentan la noticia por estos lares, olvidan en seguida quién cometió la agresión (reincidente) y en seguida destinan su troglodita odio a:

  • Culpar a la COPE de promover el odio y las agresiones, encabezando el ranking de los que “más odio generan” Federico Jiménez Losantos y César Vidal.
  • Culpar a la Iglesia, la cual no tiene “ninguna diferencia en lo que a derechos humanos se refiere” con el Islam (“ahí es ná”).
  • Culpar al PP por las consignas homófobas que a diario corean los líderes populares, incluso cuando se duchan.
  • Defender a ultranza la asignatura de Educación para la Ciudadanía, asignatura que entre otras cosas defiende, favorece y adoctrina en el multiculturalismo que ha condenado a Holanda (Suecia, Dinamarca…) a que sus ciudadanos sean incapaces de andar por la calle sin jugarse el tipo.

Con este (esquizofrénico) panorama nadie duda que pronto pasará lo que pasaba antaño en Chueca, pero peor. Aun recuerdo cuando la madrileña Plaza de Chueca no se podía pisar entre semana a partir de cierta hora para que los cachorrillos de Mohamed VI no te atracaran a punta navaja (amenazando posteriormente a los policías municipales con un “¡soy menor, como me pongas la mano encima la cagas!”).

Llevamos camino de parecernos demasiado a Holanda. Pero sigamos preocupados por la COPE, el PP y Polonia, que “obviamente” son el verdadero problema. Si no fuera tan grave, sería para estar soltando histriónicas carcajadas de tal suprema ignorancia suicida.

El País: “Que un homosexual sea de derechas es como si un negro se hace del KKK, pa matarlo”

Esa “perla” se pude leer en uno de los blogs de El País por parte de una de sus blogeras, una tal “carmen”. Lo que ha desencadenado tal “democrática” reacción ha sido la entrevista a Luis Margol en ÉPOCA (o eso dicen). Pero el fotomontaje-chapuza canta a la legua con tal de que salgan primero las preguntas que al autor del blog le interesa.

El artículo de un tal msuyate no tiene desperdicio: mala baba, bilis, prejuicios, totalitarismo descarnado, insultos, consignas liberticidas en su máxima expresión… Digno de tener su blog en un medio como El País.

No voy a comentar uno a uno sus párrafos porque ellos solitos reflejan el carácter fascista del autor, para el que es imposible e inconcebible que nadie pueda pensar de forma distinta a él. De hecho, para este liberticida autor, y al igual que para el totalitarismo de izquierdas (gay o no), es inconcebible que nadie pueda votar al PP, o trabajar en LD, y gustarles las personas del mismo sexo. Para este aprendiz de führer un gay tiene que adorar, idolatrar y tener una imagen a tamaño natural de Rodríguez Zapatero, al que cantar loas todas las noches (como mínimo).

Como ya “nos podemos casar”, el resto de valoraciones en la vida no importan. Así de homófobos son estos alumnos aventajados de Stalin, que consideran a los homosexuales un ente mononeuronal incapaz de elegir su opción política por sí mismos, y que dicha opción puede ser reconducida tras ser hábilmente amamantados por el poder.

Y los comentarios, en la misma línea: o bien pretenden aniquilar físicamente al discrepante, o le niegan su capacidad de existir. Ese sentimiento asesino que va unido (de siempre y por siempre) al pensamiento de izquierdas, para el cual o todos estamos cortados por el patrón que manda el Gran Hermano Rojo, o merecen ser despellejados en público (o lapidados, como hacen sus íntimos amigos en Irán), permite extraer lo peor de una gente acostumbrada al monopolio informativo, cuando no existía Internet.

Además, tanto el artículo como los comentarios son homofobia en grado extremo, esta sí peligrosa y no la de precisamente esos a los que ellos acusan (HO, FEF, etc.), ya que la violencia de los cachorros de izquierdas (demostrada, por ejemplo, cada 2 de mayo en Madrid o cada reunión del G-8) a los que ellos alientan desde esas líneas, les anima a abrir la cabeza con una botella de “birra” a cualquiera de nosotros si nos los topamos.

Sólo hay un comentarista que les lleva la contraria, de forma bastante educada, y le anulan su capacidad de diálogo alegando que “proviene de la Caverna”. Ese es el contundente argumento para rebatir un comentario cargado de razón al que estos progrefascistas son incapaces de contestar.

Pero van listos estos predicadores de la conducta ejemplar gay si creen que vamos a estar callados mientras imponen comportamientos modélicos que seguir para ser reconocido como un gay “de los de verdad, de los que molan”. Van muy listos. Se acabó el tiempo de gulags y de mantener oculto a un sector de la población que nunca, repito, nunca, han aprobado conductas ejemplares de comportamiento, ni de actuación, para ganarse el diploma del buen gay: ni andar en tanga por la calle, ni histrionismo chirriante en los platós, ni reivindicacionismo “a la carta” del partido de turno.

A mi no me ha impuesto nadie, en toda mi vida, un modelo de conducta ejemplar ni una forma de pensar u opinar, y estos cachorros nacidos al calor de la revolución de octubre y amamantados por el nazismo europeo de mediados del siglo pasado, menos.