Tomo prestado
el título del artículo de Carmelo Jordá para expresar mi opinión sobre este tema, ya que en estos días ha vuelto a saltar al “candelabro” de la actualidad el por qué y para qué de una reivindicación-celebración que muchos no entienden.
Podría resumir mi opinión en una sola frase: Orgullo Gay no, fiestas de Chueca sí. Pero fiestas de Chueca como las hay en los distintos barrios de Madrid, y porque son un impulso económico extraordinario para la zona. De hecho, yo contribuyo a estas fiestas en su parte “festiva” (como en la de diversos barrios de Madrid a lo largo de todo el año) pero jamás he formado parte de esa otra sección reivindicativa (al igual que muchos otros).
Cada vez hay más gente que no entiende la celebración del Orgullo Gay como algo fuera de lo meramente festivo. Y lo que todavía más gente no alcanza a comprender es que sea en España, ahora, donde están al borde de alcanzar el 100% de cumplimiento de sus reivindicaciones, que se realicen toda suerte de exhibiciones horteras e insultantes, realmente provocativas y calumniosas, cuya única razón parece ser el hecho de tocar las narices al mayor número de ciudadanos posible.
Pero la explicación es tenebrosamente sencilla:
- Consigo lo que quiero y se me acaban las excusas de protesta.
- Vivo de esas protestas por lo que tengo que ingeniármelas para seguir teniendo motivos.
- Realizo provocaciones gratuitas, histrionismo reivindicativo, agredo, insulto, etc., etc., etc. para generar una reacción contra mí.
- Cuando reaccionan contra mi (por que he actuado como un auténtico energúmeno) entonces lo tildo de homofobia (o xenofobia, o machismo o lo que sea) y ya tengo de nuevo excusas para seguir protestando y viviendo del cuento, del cuento de ser la víctima permanente.
Esto ya lo denuncié
en una de las primeras entradas del blog: en España existe cierta gente que necesita que exista homofobia para poder justificar su existencia y forma de vida, y por lo tanto son los máximos interesados en promoverla a través del insulto, la provocación, el histrionismo y la chabacanería. Esta torpeza de unos pocos al final la acaban pagando los homosexuales repartidos por toda la geografía española.
En lugar de intentar promover campañas desde el respeto y la tolerancia, en lugar de intentar una integración desde la educación y las buenas formas, cierto grupo de homosexuales, apoyados por vociferantes colectivos, han convertido la causa homosexual en una guerra contra el resto de la población. Yo (y muchos de mis conocidos) hemos conseguido más contra la homofobia hablando y dialogando educadamente que lo que van a conseguir cientos de gays con tanga rosa y plataformas disfrazándose de monjas y obispos mañana sábado. Pero en esta forma de actuar se reflejan sus verdaderas ganas de acabar con la “homofobia”.
Y ya, para rematar, el futuro. ¿Creéis, humildes lectores, que estos colectivos dejarían de protestar y reivindicar en el hipotético caso de que consiguieran el 100% de sus aspiraciones? ¿Creéis que aunque se llegara a la situación de que la gente tuviera que realizar genuflexiones ante el paso de un gay, o que existiera una cuota gay en empresas y organizaciones, esta gente acabaría con su eterno sentimiento de protesta y reivindicación? Ingenuos…
Yo veo en todo esto del colectivismo gay horribles parecidos a la eterna e imposible de satisfacer reivindicación nacionalista o terrorista: nunca, nunca se van a dar por satisfechos.
No pararán hasta imponer la conducta homosexual como la conducta habitual. No pararán hasta conseguir que sean los heterosexuales los “bichos raros”. No pararán hasta que se obligue a toda persona a tener relaciones homosexuales alguna vez (“¿cómo sabes que no te gusta si no lo has probado?”). ¿Creéis que exagero? Pues quizás, pero sólo quiero avisar de lo que algunos pretenden, porque yo ya he oído expresiones del tipo “campos de concentración para heterosexuales destinados al único fin de la reproducción” en algunas conversaciones ajenas de bar, que aunque fueran en modo jocoso, no quitan ni un ápice de siniestralidad a las mismas.
No en vano, algunos de estos colectivos gays (no todos, no todos) tienen una afinidad ideológica con los terroristas que asusta, una intencionalidad de normalización totalitaria que aterra, y una aspiración nada inocente de imposición de conducta correcta que espanta.
Por ello, desde hoy mismo, yo reivindico (sí, yo también) que el Orgullo Gay deje de existir como manifestación provocativa y pase a convertirse en las fiestas de un barrio más de Madrid (Madrid, Berlín, Londres o Roma), y que nos dejen a los homosexuales que seamos nosotros, individualmente, y mediante la educación y las buenas formas, quienes transmitamos la idea de que esto, lo homosexual, tiene tanto de antinatural como el hecho de que el hombre pueda volar (en avión), y es que, si la naturaleza lo permite (ambas dos), no debe ser tan antinatural.
Lo que hay que hacer es promover el respeto hacia las personas, hacia todas las personas, sean como sean (gays, lesbianas, mujeres, gordos, calvos…), y por el mero hecho de ser personas. Pero sin tocar las narices, por favor.