Lo dice la BBC, y probablemente tengan razón. El mundo ya se ha olvidado de ellos y sólo EEUU parece interesado en seguir incrementando la presión internacional sobre el gobierno militar socialista birmano. Pero esta presión que se ejerce incluso sobre la India y China, no parece ser suficiente. Porque la impresión que se está extendiendo en las calles de Rangún y Mandalay (principales ciudades birmanas) es que han vuelto a perder la oportunidad de iniciar el camino hacia la libertad, al igual que ocurrió hace 19 años.
De hecho, las frases rescatadas por un periodista del IHT de parte de ciudadanos birmanos dan buena muestra de ello:
- “No es paz lo que ves aquí, es silencio, un silencio forzado. Somos los esclavos de los militares. Quedemos democracia. No queremos esperar más. Pero tenemos miedo de sus armas”.
- “Guarda el bolígrafo y el papel en tu bolsillo, tienen espías por todas partes”.
- “No hemos visto nada parecido a esto en toda nuestra historia. Incluso en la época colonial británica, se dejaba de perseguir a la gente cuando entraban en un monasterio”.
- “Queremos hacer explotar nuestros sentimientos, pero si lo hacemos, ¿quién nos ayudará? ¿La ONU? ¿EEUU? ¿China? Todos dijeron que nos ayudarían. Pero lo único que hicieron fue bla, bla, bla”.
- “[Sobre la condena de la ONU a la violenta represión de las protestas] ¿Realmente cree el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que el régimen aquí se va a preocupar por esta declaración?”
- “No tengo esperanza para mis hijos. Ellos se convertirán en granjeros como yo”.
- “Las sanciones sólo dañan a la gente como nosotros y a los trabajadores; al gobierno no le preocupan. No hay pedidos desde Europa porque no confían en este gobierno. Estoy pensando en cerrar mi fábrica”.
- “Nos sentimos sin líder. Será muy difícil reiniciar las protestas. Quizás pequeñas protestas esporádicas serán posibles, pero no grandes manifestaciones por ahora”.
- “Sin ayuda exterior, paciencia, paciencia, paciencia es todo lo que nos queda, y la junta [militar socialista] lo sabe. Están aprovechándose de la tolerancia y el buen corazón budista”.
Y mientras los ciudadanos birmanos manifiestan estas opiniones en secreto a los periodistas del
NY Times, las calles de Rangún se llenan de carteles con fotos de los desaparecidos, de los que nadie sabe nada.
Esta es a día de hoy, la situación en Birmania. Pero como dijo Zapatero, “
es pronto para sacar conclusiones”. Haciendo caso al gurú de la eterna sonrisa, no voy a sacar conclusiones, pero me quedo con lo que una niña birmana de 9 años escribió en su diario cuando oyó que los militares estaban disparando a los monjes: “
Por favor, solucionad este problema”.