Anda muy soliviantada la blogosfera mariprogre con este tema. La tildan de concentración “homófoba”, entre otras lindezas. Contentos deberían estar los mariprogres si realmente la conferencia episcopal se tomara tantas molestias en atacar a los homosexuales. Pero no, por suerte no somos tan importantes.
Basta con leer algunas webs izquierdistas para leer barbaridades de la talla de que si existiera una ley contra la homofobia (tema al que me opongo en rotundo y del que ya hablaré en otro momento) dicha manifestación sería prohibida, y sus convocantes enviados a la cárcel (o al paredón, según los deseos de algunos). Por lo visto, la libertad de expresión es, como para el señor JL Prieto, algo discutido y discutible, según a quién afecte, por supuesto. Pero es la izquierda española, para qué nos vamos a escandalizar a estas alturas de la vida.
Además, en un ejercicio de torpeza suprema, emplean contra la manifestación los mismos argumentos que ellos emplean para defenderse de los supuestos ataques al matrimonio homosexual. Llevan dos años mis estimados mariprogres diciendo que “el matrimonio homosexual no ataca a la familia” y que “la defensa de las parejas homosexuales no ataca ni perjudica a las parejas heterosexuales”. Pues bien, ahora parece ser que el reverso sí se cumple, y la defensa de la “familia tradicional cristiana” sí es un ataque contra las parejas homosexuales. Cosas del doble rasero.
En cualquier caso, y en el hipotético supuesto de que haya gente que asista a la manifestación con una única obsesión en mente, y que sean las parejas de “maricas y bollos”, ¿qué? ¿Acaso no puede haber gente que opine distinto? ¿Tan mal está la libertad en España para que no haya gente que pueda pensar lo que le de la real gana de mí (y yo de él)?
Pero es que además, si lo particularizamos a mi caso concreto (mal asunto, mariprogres, dejad de leer aquí), yo también defiendo la familia tradicional como el mejor marco para el desarrollo de un niño. Yo salgo de una de esas familias y creedme que no he tenido ninguna traba para desarrollar mi sexualidad, ni mis estudios, ni ninguno de los aspectos que me caracterizan (ni siquiera los políticos). ¿Qué no siempre se pueda cumplir? De acuerdo. ¿Qué haya divorcios y parejas desestructuradas? De acuerdo. ¿Qué haya muertes y los niños tengan que crecer sólo con su padre o su madre? De acuerdo. Pero el hecho de que ocurran estas cosas no deja invalidada la hipótesis inicial, y es que el modelo familiar tradicional (cristiano o no) sea el mejor marco para el desarrollo de un niño.
¿Y las parejas homosexuales? Pues hombre, de todo habrá, pero yo no lo considero “el mejor marco” (repito, “el mejor marco”, que quede claro). Puede que haya y hay parejas excelentes. De hecho, yo no creo que fuera un mal padre, ni en solitario ni en pareja. Pero no se trata de mí, se trata de los niños. Yo no tengo que demostrar nada a nadie, y por ello no voy a privar a unos niños de tener la educación que yo sí he disfrutado. Tan simple como eso.
Pero aquí se ha radicalizado todo de tal manera que es imposible mantener un discurso sosegado sobre el tema (enhorabuena ZP). Unos ya piensan que si dejan a los niños en el seno de una pareja homosexual (con imagen mental inmediata de “Orgullo gay”) el crío ya va a salir un drogata-chapero-travelo-dragqueen perdido. Y otros en cuanto ven algo relacionado con una familia tradicional o la Iglesia ya piensan que los están llamando de hijos de puta enfermos sarnosos zarrapastrosos para arriba. Y no, por suerte la vida está llena de matices.
Y por todos esos matices yo creo que la familia tradicional es el mejor marco para la educación de un niño, y por ello, no tengo ninguna objeción al acto del próximo domingo (faltaría más). Al mismo tiempo, tampoco creo que una pareja homosexual concreta, dado el caso, educara mal a un niño o niña, pero sigo sin considerarlo “el mejor marco”.
Bueno, ya estoy listo a recibir insultos, trolls míos.