Partamos de la base de que yo jamás entenderé el por qué de la necesidad de un festival de cine gay y lésbico. Si tan interesados están (como lo estamos todos) en que esto sea visto con la mayor naturalidad y normalidad del mundo, no entiendo por qué por otra parte algunos sectores están tan interesados en diferenciarse, etiquetarse y autoexcluírse de esa normalidad. Bueno, sí lo sé: la eterna provocación de la autodiscriminación que justifica la existencia de ciertas organizaciones y así un modo de vivir muy cómodo basado en la eterna reivindicación, victimismo y subvención pública.
Porque para mí, los géneros del cine son drama, terror, acción, ciencia ficción, comedia y demás. Pero un festival de cine gay y lesbico (¿qué pasa, se prohíben los actores/actrices “heteros”?) tiene la misma relevancia que un festival de cine de rubias, hippies o aficionados del Atlético de Madrid. ¿No pueden proyectar sus películas en un festival normal y corriente? Parece ser que no, bien porque entonces pasarían totalmente desapercibidas dada su escasa calidad, bien porque así no llamarían tanto la atención, aunque eso fuera lo más adecuado para combatir esa “homofobia” de la que tanto se quejan y tanto promocionan.
Pero si finalmente los jefes supremos del activismo gay y lésbico (se han dejado lo trans para cuando puedan sacar votos de ello) deciden que es imprescindible realizar un festival para autodiscriminarse, que al menos no toquen las “balls”, o las toquen lo menos posible. Pero ¡ay amigo! Sin provocación no hay subvención.
Y así ha sido. En el cartel del Festival de Cine Gay y Lesbico de Barcelona (repito, lo trans se lo dejan para cuando sacan votos) aparece la imagen de un niño con un termómetro en la boca. En el vídeo de promoción se justifica como que el niño está con su “tata” viendo la tele y aparecen chicas desnudas. El niño pregunta “¿Tata, por qué no aparecen hombres desnudos?” y la tata responde “¿Tú para qué quieres que aparezcan hombres desnudos?”. Todo un profundo mensaje donde los haya.
Cómo no, este cartel de un niño promocionando un festival de cine gay y lésbico ha hecho saltar las alarmas de medios y organizaciones. Los más duros han sido César Vidal en la COPE y Alfonso Ussía ayer en su columna de La Razón (al menos que yo sepa). Ambos han atacado la idea (nefasta donde las haya, se mire como se mire) y, con más o menos acierto, repudiado el cartel promocional.
Y el quid de la cuestión está en que yo también lo repudio. Porque no sé que pensará la progresía patria, y a lo mejor es que yo soy un poco antiguo, pero creo que los niños y niñas lo que tienen que hacer mientras son niños es estar jugando con sus legos, barbies, puzzles y videoconsolas. Y no estar preocupados de cómo de larga la tienen, o de cuántas veces la meten, sea cual sea su orientación o tendencia sexual. Con todo esto hemos conseguido que los niños pasen de niños a adultos sin pasar por la adolescencia, fabricando generaciones de jóvenes insatisfechos consigo mismos, totalmente obsesionados con la sexualidad, sin valores y sin aspiraciones, y donde las metas en su vida se reducen a “tirarse a X tías o tíos”, en lugar de llegar a ser médico, astronauta, o espeleólogo.
Y ahí está Educación para la Ciudadanía, para asegurarse que no sólo no se invierte el proceso de putrefacción juvenil, sino para agravarlo aun más.
Porque yo también creo (al igual que César Vidal) que la corte suprema del movimiento homosexual está muy interesada en captar a los niños desde su más tierna infancia. Y no para violarlos (aunque de todo habrá, y tanto hetero como homo) sino como parte de esa cruzada sin cuartel para homosexualizar el planeta. Las mentes de los niños y niñas, con una identidad sexual confusa, son suficientemente volubles para ello. Exactamente la misma táctica que la de la izquierda española en su intención de crear socialdemócratas (o radicales de izquierdas) en potencia, con esa lamentable arma de adoctrinamiento masivo llamada Educación para la Ciudadanía.
Y a esto yo me niego. Me niego a ser partícipe de esa heterofobia de la que tan bien hacen gala las mariprogres y los movimientos homosexuales pro-homofobia. Primero porque yo soy de los que piensan que cada uno debe ser lo que quiera ser, y elegir cuales deben ser sus pasos en el futuro, sin que nadie le obligue a nada, y parte fundamental para este fin consiste en dejar que los niños evoluciones a su aire. Y segundo porque si los cruzados de la homosexualización generalizada tienen éxito, vamos a tener un verdadero problema para perpetuar la especie.
Aunque visto lo visto, igual lo mejor es que nos extingamos. Así de paso solucionamos el problema del calentamiento global: dos pájaros progres de un solo tiro.