Bruce Bawer (y los
frustrados convocantes
de la manifestación de mañana en Bruselas) darían saltos de alegría si leyeran (y se creyesen)
lo que publica el Internacional Herald Tribune hoy, víspera del cruel y sangriento atentado que cambió la historia del mundo.
Y es que al contrario de lo que se lee en la prensa europea, de lo que se comenta en las tertulias de televisión, o de lo que oímos decir a nuestros políticos, los europeos no achacan la violencia de los radicales musulmanes a la actitud del siempre malo (y cabeza de turco permanente) Estado Unidos, sino a los errores en la integración de los musulmanes, el multiculturalismo, y el propio radicalismo y fanatismo musulmán.
De hecho, así lo reflejan las encuestas incluso en España, donde en un sondeo del Real Instituto Elcano de Madrid en el año 2005, sólo un 17% de los encuestados achacaba la violencia islámica a la política exterior de los EEUU, mientras que un 63% culpaba al fanatismo religioso en el que vivían inmersos muchos musulmanes.
Y si esto pasa en España, el país (según también la noticia del IHT) más antiamericano del continente europeo, qué no pasará en otros países.
Así, en Alemania el diario Bild, buscando una respuesta a la violencia islámica tras detenerse en territorio alemán a una célula islamista dispuesta a provocar una masacre, publicaba el pasado viernes: “There are no easy answers. But the 1.4 billion or so Muslims owe it to the rest of the world to at least try to give answers and find a remedy. A religion with bloody margins does not belong in a world that wants to and must move closer together.”
Es decir: “No hay respuestas sencillas. Pero los alrededor de 1.400 millones de musulmanes las deben al resto del mundo, o al menos intentar dar respuestas y encontrar un remedio. Una religión con margen sangriento no pertenece a un mundo que quiere y debe moverse más unido”.
Para los europeos, ya no son sólo las guerras de Irak y Afganistán las que están provocando el auge del terrorismo islámico (que también), sino que por fin se está empezando a trasladar la responsabilidad sobre los propios musulmanes. No está mal para tratarse de Europa, el continente más acomplejado, más sometido a la dictadura de lo políticamente correcto y donde reina una socialdemocracia asfixiante que ha impedido realizar este tipo de denuncias (y sigue haciéndolo en la mayoría de las situaciones) hasta ahora.
Así, en Alemania, el gobierno de Merkel ha abandonado “la indiferencia camuflada de tolerancia” del gobierno de Schröder, y se han empezado a impartir clases de alemán a los inmigrantes turcos, sobre todo a las mujeres. Ayaan Hirsi Ali también estará contenta.
Pero no os creáis que todo evoluciona en la buena dirección, ya que al mismo tiempo que se traslada (por fin) la responsabilidad de la violencia islámica sobre los propios musulmanes, se empieza a cambiar la política de inmigración e integración en la mayoría de los países (menos España) y la población es cada vez más consciente del problema que hasta ahora no han querido reconocer, la obsesión antiamericana en el continente europeo sigue creciendo, pasando del 61 en 2002 al 37 en 2006 el porcentaje de alemanes que tenían una buena imagen de EEUU, y del 63 al 39 en los mismos años para los franceses.
Pero, de creernos la noticia, algo parece estar cambiando en el continente europeo. ¿Han despertado por fin los habitantes de Eurabia?