Marrditoh teoconeh
Dani se me ha adelantado. Llevaba con esto en la cabeza desde la hora de comer cuando leí este artículo. Y es que sí, yo estoy a favor de acabar con los privilegios de la Iglesia, pero también estoy a favor de acabar con los privilegios de otras muchas cosas. Estoy por ejemplo a favor de acabar con los privilegios de sindicatos y todo tipo de asociaciones satélites, partidos políticos y sus distintas organizaciones y think-tanks, titiriteros y las ingentes cantidades de dinero desperdiciadas en el “no-ingenio”, investigadores de la reproducción del escarabajo de río y demás estudios de elevado interés científico, social, cósmico y espacial, academias de lenguas centrífugas subvencionadas, y en general con todo, todo, todo tipo de subvenciones.
También estoy a favor de acabar con el nefasto despilfarro de un sistema público de salud deficientemente gestionado; con una educación pública lamentable y fabricante de analfabetos en serie con el cerebro correctamente blanqueado y moldeado; con el Estado de las Autonomias y una multiplicación por 17 de una deficiente administración; con el sistema de recaudación de los ayuntamientos; con la mitad de los ministerios y secretarías de estado; con un 75% de los funcionarios de los distintos organismos de la Administración (central y autonómica).
También quiero acabar con el control estatal de las tarifas eléctricas compensadas vía impuestos; con la política energética que impide construir más centrales nucleares; con el cumplimiento de la Política Agraria Común que impide a nuestros ganaderos y agricultores producir más mientras los precios del grano y la leche se están disparando.
También quiero una bajada de impuestos radical (desaparición del IRPF y reducción hasta el 12% del impuesto de sociedades), eliminación de los impuestos sobre el combustible, el alcohol y el tabaco; desaparición del 80% de las leyes y procedimientos estatales que burocratizan y dificultan la libertad de expresión, comercio y circulación de capital, trabajo y suelo.
Todo eso es lo que quiero. Tampoco es tanto, ¿no? Y puesto que en mi opinión considero que la Iglesia Católica en España es el único protagonista de toda la lista anterior que además me repercute en algún tipo de beneficio (a mí y a los que me rodean), los protagonistas de mi lucha serán en primer lugar todos los demás. Y cuando haya conseguido que todos los demás se cumplan, entonces mi radical petición para acabar con los beneficios de la Iglesia Católica será la protagonista de mi lucha en unos términos que hasta Iracundo se podría sentir orgulloso de mí.
Pero si un liberal de los de pureza atómica (repito, yo no soy “liberal”, me rijo por el “concepto X”, así que puedo decir lo que me parezca) tiene como protagonista de su lucha por la libertad en primer lugar (y aparentemente en modo exclusivo) a la Iglesia Católica en lugar de todos los demás que he mencionado en este artículo, igual me da por pensar que lo que ese “liberal de pro” defiende no es lo que algunos ingenuos como yo entendemos por liberalismo, sino una “catolicfobia” galopante. Y lo siento pero sufrir “catolicfobia” no es sinónimo de ser un liberal, sino de ser un reaccionario.
P.D. Esta entrada no es contra nadie, sino contra una filosofía del combate político en la que mientras nos entretienen con los árboles el bosque se nos escapa. Básicamente.


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