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A Time to Hate

Helen Holtz es muy mayor, se encuentra muy enferma y está a punto de morir. Pero no quiere dejar este mundo sin antes saber quién mató a su hijo Daniel, hace más de 40 años. No quiere irse sin encontrar ese descanso. Y no lo va a hacer.

En 1964 Daniel era un joven dispuesto a comerse el mundo. Aunque estudiaba derecho lo suyo era el baseball, lo sabía desde hace tiempo. Pero Daniel tenía un secreto, que escondía incluso a su propia novia. Daniel era homosexual.


Como otros homosexuales en la Philadelphia de los años 60, se reunía con más gente como él en locales escondidos y supuestamente secretos. Uno de ellos era el “The Hush Room”. Allí se reunía a escondidas con un compañero de universidad, Hank, del que estaba enamorado. Y Hank lo estaba de él, pero tenían caracteres distintos. Mientras Daniel era un chico adelantado a su tiempo, (“el sabía que tenía derecho a existir” decía Hank), Hank era más retraído, acobardado por la situación.


Y Hank no estaba del todo equivocado. Daniel tuvo que abandonar el equipo de baseball (su pasión), cuando por una miserable caja de cerillas sus compañeros de equipo descubrieron que era homosexual. A partir de entonces le hicieron la vida imposible, le golpeaban con la pelota y con el bate de madera en cada entrenamiento. Y al final tuvo que dejarlo. Esa noche fue al Hush Room.

Los vecinos del barrio por donde se encontraban estos locales como el Hush Room y otros, no veían con buenos ojos la presencia de homosexuales, lesbianas y travestis por la zona. Los jóvenes del barrio insultaban, se burlaban e incluso agredían a los homosexuales y travestis que entraban o salían de algunos de estos locales.

Además eran habituales las redadas de  policías en la zona, policías que entraban en los locales y la emprendían a porrazos con todo lo que se encontraban. En el Hush Room tenían una especie de acuerdo con algún pez gordo de la policía de Philadelphia y mediante los sobornos que el dueño del local le hacía llegar, la policía avisaba antes de que se iba a producir una redada y al encenderse la luz roja, las parejas homosexuales cambiaban todas a parejas heterosexuales, chicos con chicas y viceversa, para que la policía no viera nada raro y pasara de largo.

Pero aquella noche alguien se debió retrasar con el pago porque no hubo aviso… La policía irrumpió en el Hush Room golpeando a todo ser vivo que se encontraban por delante. Muchos acabaron por el suelo en medio del caos recibiendo los golpes de los policías. Daniel tuvo tiempo de escapar por una puerta trasera. Pero fue peor su destino.

Al salir pasó al lado de un grupo de matones del barrio. Estos empezaron a burlarse de él y a perseguirlo: “corre corre marica, corre”, “¿dónde vas marica?”, “¡mira como huye el marica!”. Daniel intentó hacer oídos sordos, pero ya no pudo. Por ese día ya había sido suficiente. Así que se dio media vuelta, sacó el bate de baseball que llevaba en la bolsa, y se enfrentó a sus perseguidores.

Pero él era uno sólo. Tras un par de golpes al aire, lo cogieron, le arrebataron el bate de baseball, lo tiraron al suelo, y lo empezaron a golpear entre sus tres perseguidores como animales. La paliza fue brutal. James, un joven policía que estaba viendo aquello, sintió que tenía que intervenir, pero un compañero le disuadió. Era mejor “no entrometerse”.

La paliza siguió, lo arrinconaron en una esquina, y Kenny, el líder de los matones, le asestó tres golpes con su propio bate de baseball que mataron a Daniel en el acto. Los matones huyeron, y dejaron allí el cuerpo de Daniel, abandonado en aquel callejón oscuro y frío.

Cuarenta años después, la voluntad de Helen, su madre, por descubrir qué había pasado, llevó a la policía a localizar a Hank, el que fuera pareja de Daniel, y al joven policía que había visto la escena de la paliza mortal. Éste, arrepentido por no haber intervenido entonces, testificó, y los tres matones, aunque con 40 años de retraso, fueron arrestados.

Al final se hizo justicia, y Helen ya podía morir en paz tras saber la verdad de lo que pasó, y tras haber conocido a Hank, quién 40 años después le pudo transmitir lo maravilloso que era Daniel.

En el siguiente vídeo (os recomiendo verlo antes de seguir leyendo) podéis ver, en directo, esto último que os he relatado…



Como muchos habréis averiguado, esto que os he relatado es el argumento de un capítulo de la serie norteamericana “Caso Abierto”, llamado “Tiempos de odio” (“A time to hate”, en su título original). Lo he visto estas vacaciones (en las que he visto más televisión de la debida) y me llegó tanto que quería compartirlo con vosotros. Tengo el capítulo entero (en inglés) y en breve lo subiré a Youtube. Por cierto, la música del final no es la original del capítulo, sino “Little by Little” de Oasis. La he cambiado porque esta a mí me gustaba más. Aquí podéis ver el mismo final con la música original de “Byrds” (“Turn, turn, turn”).

Y sí, ya he vuelto. Así que en breve me pondré a responder a todos los correos y mensajes que me habéis dejado estos días y a escribir en el blog. Vuelvo a estar en activo.

Un saludo a todos y espero que lo hayáis pasado bien en vuestras vacaciones.


La Coca-Cola no desatasca tuberías

Siempre he creído que las leyendas urbanas alrededor de la Coca-Cola eran simplemente un subproducto de un antiamericanismo galopante contra la bebida que refleja (poned voz de Fidel) “el imperialimmo norteamericannno” y que es otra prueba más de las innumerables incongruencias en las que cae (y recae) la izquierda mundial.

Pero aun así me he decidido a comprobarlo. Me encuentro de limpieza porque mañana me voy al pueblo a descansar unos días, y en este maldito piso de alquiler el lavabo del baño se atasca más de lo debido. Como tenía una botella casi llena de dos litros de Coca-Cola que ya no me iba a beber, he decidido probar si realmente conseguía desatascar la tubería. Lo he vaciado y he seguido limpiando. Cuando se lo ha tragado, he echado gran cantidad de agua caliente para terminar de limpiar y… nada. Que sigue atascado. Así que me voy a comprar un desatascador de verdad.

Y con esta entrada chorra de desmontaje de leyendas urbanas, os digo adiós a todos por unos días. Me voy al pueblo de retiro espiritual a descansar, y aunque algún día me acercaré a la Manga, no creo que me prodigue mucho por los ambientes festivos.

Si consigo acceso a Internet entraré para deciros hola. Y por favor, recordad que este maldito blog tiene vida propia y los comentarios a veces se quedan en la cola de moderación (y no se cómo evitarlo), así que no desesperéis que yo en cuanto los vea los aprobaré, pero que a partir de hoy puede ser en unos días emoticon.

Pues eso, que paséis todos un buen puente de la Virgen de agosto. ¡Hasta dentro de unos días!

El Islam no es una raza, a-ver-si-os-en-te-rá-is

He recibido un correo en el que me ponen de vuelta y media por haber publicado la portada “retocada” de El Jueves con Mahoma y haciendo “cositas feas” con una mujer con burka.

Entre la catarata de insultos, incluye el de “racista”. La confusión (o ignorancia) de parte de la progresía española es abismal, además de la quíntuple moral que demuestran a cada paso que dan, ya que por el correo deduzco que este joven (por la forma de “skribir” deduzco que tiene que ser un jovenzuelo subproducto de la LOGSE) en cambio no tendría problemas en reír con el mismo montaje entre el Papa y un jovenzuelo (por ejemplo).

La confusión (voluntaria) entre una religión (el Islam) y una raza (la raza árabe) es una de esas armas de la retórica de lo políticamente correcto que impide mantener una discusión medianamente civilizada a la hora de criticar esta religión “de la paz”.

Yo no soy racista. Como compañeros de alcoba he tenido a casi todas las razas (esquimales creo que no, pero casi todas). He visto suficiente mundo como para darme cuenta del analfabetismo que implica el racismo.

Pero en cambio, si me considero islamófobo, para qué mentir. El Islam, además de provocar en mí un absoluto rechazo (por lo que implica), lo considero responsable de muchos, muchos, de los problemas del mundo actual, y sinceramente, creo que todos seríamos mucho más felices sin él. Y cada día que pasa, o conforme leo más sobre esta “religión de la paz” (como los libros de Bruce Bawer o Hirsi Ali) me considero aún más islamófobo. No me da ninguna vergüenza ni temor reconocerlo.

Pero no, no soy “racista”.

Como lea esto Iracundo, le da un chungo

Como lea esto Iracundo, le da un chungo. De hecho casi me lo ha dado a mí. No sé, no sé, pero un poco más de humildad no vendría mal a la hora de defender unas ideas: si el anarcocapitalismo no se ha impuesto nunca en la sociedad (salvo entre los papúes de Nueva Guinea Occidental) igual no es porque el ser humano insista en “persistir continuamente en el error”.

A mi juicio, Albert parte de la base de un Estado dictatorial, en el que no existe una democracia real en la que los políticos deban hacer lo que los ciudadanos exigen y si no los mandan a casa (no digo con esto que en España exista una democracia real). Por lo tanto, a su juicio, el Estado no se verá nunca obligado a hacer nada: exacto, en una dictadura no, pero en un Estado democrático, los partidos en el poder si, si no quieren ser apartados del mismo.

Además, parte de la base también de la rentabilidad de las empresas como máxima, ignorando el hecho de que las grandes fortunas (la del difunto Polanco por ejemplo) podrían permitirse el lujo de entrar en “pérdidas” y perder clientes con tal de que se llevaran a cabo “sus guerras” o “sus decisiones judiciales”.

Ya le comenté a Mary White en el cumpleaños de Luis Margol que lo que más me gustaba de su blog es que me hacía establecer planteamientos mentales nuevos, y que al menos estimulaba mi ingenio para averiguar razones por las que tales conclusiones no podrían funcionar (o sería mucho, muchísimo más difícil llevarlas a cabo que las “minarquistas”).

Yo soy más de la corte de Iracundo (del que me separan las formas pero no el fondo la mayoría de las veces) y de Batiburrillo. ¿Qué entonces no soy liberal? Pues puede que no lo sea, pero tampoco me gustan las etiquetas. Ya bastante tengo que luchar contra la etiqueta de que un gay no puede no ser de izquierdas como para meterme en otra guerra más.

Por cierto, me quedo con el genial análisis que estos días está realizando Coase. Cuando tenga más tiempo, aportaré mi granito de arena a toda esta batalla desde un punto de vista práctico. Práctico, porque yo no he leído a ningún intelectual de ninguna cuerda (Hayek, Mises, Rothbard…), pero tengo un punto de vista bastante pragmático del mundo en el que me muevo. Qué le vamos a hacer, soy ingeniero.


Ocho secretos (casi) inconfesables

Voy a darme prisa porque como me espere más me quedo sin víctimas potenciales. De hecho esta mañana pensaba lanzarle el órdago a Politeia, pero Chinchetru se me ha adelantado. Y el primero además me lanza el órdago a mi aunque Juan Ramón Rallo ya me había puesto en el punto de mira del confesionario liberal.

Como es obvio, no puedo contar secretos inconfesables porque entonces dejarían de serlo, y ya no cumpliría con el objetivo. Así que voy a contar secretos cuasi-inconfesables pero que espero que añadan morbo a esta bitácora tan poco rosácea (hasta hoy). Allá voy:

  1. Llevo interesado en política desde los 14 años y ya por entonces daba caña a mis compañeros de clase sobre el nefasto gobierno de Felipe González y su equipo de chorizos. Entré en NNGG a los 16 aunque en teoría no se podía (murciano chanchullero que es uno) emoticon
  2. Seguí en política hasta los 21 cuando decidí que primero debía aprender a ganarme la vida por mi cuenta, y después, si la política me llamaba, dedicarme a ella. De momento no me ha llamado (y rozo los 30) emoticon
  3. He evolucionado desde el conservadurismo, hacia el liberalismo, aunque a mi juicio me he quedado con lo mejor de ambos y he decidido estancarme. No creo que evolucione nunca hacia el anarcocapitalismo (lo siento Mary White emoticon ).
  4. Sólo he tenido un accidente de tráfico en mi vida y resulté ileso gracias al coche que conducía mi padre. Eso me pasa con el que tengo ahora, y no encuentran de mí ni las orejas emoticon
  5. En el colegio he tenido que aguantar bastante más desprecio por “empollón” que por “marica” (¿estudiofobia?) emoticon
  6. Prefiero mucho más una cena romántica a la luz de las velas con una chica que con un chico emoticon
  7. Soy bastante “ligero de cascos”, y pienso seguir siéndolo hasta que encuentre “el amor de mi vida” (si eso existe), o mientras mi físico me lo permita emoticon
  8. A pesar de lo anterior, en las pocas relaciones (más o menos largas, de unos meses) que he tenido, siempre he sido fiel. Suelo ser bastante legal en ese aspecto. ¡Ah! Y tampoco suelo dar plantón, así que en mi opinión lo que aquí dice Luis Margol se debe a un malentendido, aunque tengo planeado un café con él para discutirlo (o unas copas emoticon).

Pues como diría Mayra Gómez Kemp, “hasta aquí puedo leer”, y les tiro “la tarjetita” a Maya, Lady Vorzheva, a Elentir, a JCHA y a rickisimus. Lo siento, os debo una caña emoticon

Responsabilidad

Hace dos jueves, en uno de sus magníficos históricos editoriales de inicio, César Vidal nos hablaba sobre la responsabilidad sobre los actos. El ejemplo histórico que aludió en esta ocasión fue el del Rey Salomón. La moraleja era que al final, uno debe acabar pagando por sus acciones, tanto si asume tal responsabilidad como si no.

Y sobre eso voy a hablar, sobre el sentido de la responsabilidad, o más bien, sobre la ausencia de este entre los seres humanos, sobre todo en aquellos nacidos y/o criados en España. “Spain is different”, incluso en esto.

En España nadie es responsable de sus actos. La capacidad de los españoles para (como se dice vulgarmente) “escurrir el bulto” es pasmosa. En España nadie hace nada mal, y siempre se consigue (o intenta) trasladar la responsabilidad sobre los actos propios a otros, tanto por parte del que ejecuta tal acción, como por parte de los ciegos seguidores de causas próximas.

El ejemplo más pasmoso es el de los políticos en España, pero no es el único (como veremos después). En España es imposible que un político asuma la responsabilidad de sus actos. Es inaudito. Y no es que yo les vaya a pedir el “suicidio a la japonesa”, pero al menos sí un poquito de coherencia. Federico Trillo no fue responsable del accidente del Yakolev, pero sí fue responsable de la chapuza de la repatriación y mala identificación de los cadáveres (directa o indirectamente) y debería haber dimitido. Este es un caso en la derecha (hay más, no os confundáis), pero en la izquierda se pueden escribir volúmenes.

En España ningún político de izquierdas es capaz de asumir su responsabilidad. Ninguno. Incluso cuando ya se está poniendo un pie en la cárcel, o bien justifican sus acciones de la forma más miserable, o descargan su responsabilidad sobre otros. Los casos de corrupción son pasmosos, pero en España no dimite nadie nunca. Las meteduras de pata de casi todos los ministros (algunos ya exministros) y del mismo Rodríguez Zapatero han sido apabullantes, pero del sillón no se mueve ni Dios. Y no nos vamos a ir ya al caso de algunos de los presidentes de comunidades socialistas porque ya sería exagerado: nadie ha pagado las consecuencias ni de los incendios (y muertes) de Guadalajara, ni de los de Huelva y Sevilla de hace unos años, ni de los de Galicia del pasado año. El ego de algunos de estos políticos (sí señor Barreda, va por usted) está tan subido que insulta.

Ni por el rearme de ETA durante la tregua-negociación. Ni por el resurgimiento de la kale-borroka. Ni por el destrozo del Estado en base a algunos estatutos autonómicos. Ni por la ausencia de inhibidores en los BMR´s del ejército. Ni por el saqueo de los fondos públicos (o el empleo de medios públicos) para intereses personales. Ni por la muerte de personas ante la negativa a que se ejecute el desdoblamiento de la carretera de los Pantanos en base a un miserable interés político. Nadie, absolutamente nadie entre los políticos de izquierdas es capaz de asumir ni un ápice de responsabilidad. Supongo que el hecho de tener un imperio mediático que te apoya incluso en el asesinato, ayuda a ello.

Pero al fin y al cabo los políticos no son más que el reflejo de la sociedad. Nadie en España es capaz de asumir su responsabilidad. Cuando no es uno mismo, son otros los que liberan de dichos cargos. Los etarras asesinan “porque la opresión al pueblo vasco del Estado Español (sic)”. Si algunos inmigrantes delinquen, o se forman bandas callejeras latinas que convierten las calles (o institutos) en campos de batalla, “pobrecillos, es su cultura”, o el mejor aun “es el precio que debe pagar la sociedad rica por ser rica”, como alguna vez se escuchó en algún debate de Telemadrid.

Si en África se extiende el SIDA, la culpa no es del que no toma precauciones, sino de la Iglesia Católica. Si en Israel un palestino se suicida en la cola de una discoteca asesinando a decenas de jóvenes inocentes “pobrecito, la culpa es del malvado Israel y su opresión al pueblo palestino”. Pero no hace falta irnos fuera para ver cómo la cobardía patria elude las responsabilidades de los demás.

Sin ir más lejos, aquí, la culpa del 11-M fue de Aznar y (por extensión) de todo el PP. De hecho, lo de responsabilizar al PP (o a sus escasos apoyos mediáticos) es ya deporte nacional. Incluso cuando ya no gobiernan, son responsables de todo. Y si, por ejemplo, hay una agresión racista u homófoba por parte de skin-heads, los responsables son los de la derecha extrema del PP y la COPE. Aunque luego resulte que realmente eran Skin-Reds o moros. La responsabilidad, de Rajoy (o Aznar) y Federico siempre.

Y si nos vamos al tema personal, ya es de escándalo. Si una chica se queda embarazada por no tomar precauciones, el chico lo primero que hace es escurrir el bulto (cobardía número uno) y la chica corre a abortar (cobardía número dos). De hecho, por esto es por lo que yo estoy en contra del aborto, no por temas éticos, sino porque lo considero lisa y llanamente cobardía. Si yo no tomo precauciones, y me contagio del VIH, no puedo ni debo responsabilizar a nadie de mi error, ni siquiera al que me lo ha contagiado, porque he sido yo el que voluntariamente he metido la pata. A lo hecho pecho. Pero los españoles carecemos mucho de ese “pecho”. En un accidente, la culpa siempre es del otro. En un fiasco laboral, la culpa siempre será del empleado que esté por debajo, o del jefe. Y así siempre.

Un médico es incapaz de asumir sus negligencias (caso Severo Ochoa el más clamoroso) y siempre se verá apoyado en su delito por el resto del estamento médico. Un policía nunca hará nada mal (a no ser que su acción beneficie indirectamente al PP), ni siquiera tras las clamorosas pruebas, y ya estará el Supremo para que pueda eludir su responsabilidad.

En España nadie, nadie asume nunca la responsabilidad de sus actos. Estamos inmersos en un país donde la cobardía es la característica más común, que unido a una justicia muy poco independiente y a unas leyes bastante laxas, permite extender una vergonzosa sensación de impunidad entre la población.

Y si por un casual te ves atrapado por tus actos, monta (o intégrate en) un colectivo para la causa, que entonces serás intocable.

Han muerto seis jóvenes soldados… para que podamos celebrar el Europride 07

Y para que yo pueda ir a trabajar todos los días. Y para que mi madre pueda bajar a comprar el pan. Y para que mi hermano pueda estudiar…

Vengo de darme una bucólica vuelta por Chueca. He ido yo sólo. Mucha fiesta, mucho jolgorío, mucho colorido, mucha felicidad… pero yo no estoy para fiestas. Esta semana han ocurrido demasiadas cosas como para tener ganas de fiesta.

Muchos son incapaces de darse cuenta de ello, y no los culpo. Decían en Matriz que “La ignorancia es la felicidad”, y yo estoy convencido de ello. Esta semana han muerto seis jóvenes soldados en el Líbano, asesinados vilmente. Muchas valoraciones se han hecho sobre por qué estaban allí, por qué eran tan jóvenes, por qué no iban suficientemente protegidos… Pero he echado de menos la valoración más importante. ¿Por qué eran soldados?

En el mundo occidental los ejércitos no existen porque sí. No existen por capricho, ni porque haya una industria de defensa que mantener, ni para “robar” el petróleo de otros países. En los países occidentales existen los ejércitos porque en caso contrario, estos países dejarían de existir. “Qué tendrá el mundo libre que tan poco gusta al resto del mundo”, decía Kennedy. Y la respuesta se esconde en la misma pregunta: libertad.

La mera existencia de un Estado (aunque sea reducido a su mínima expresión) justifica la existencia de un ejército que proteja a sus ciudadanos de las agresiones exteriores, o que proteja a otros ciudadanos de otro tipo de agresiones. Es paradójico, pero, en los países occidentales, los ejércitos existen para proteger la libertad que sus ciudadanos disfrutan, los ejércitos existen para defender la libertad. O al menos para ello están concebidos.

Por ello existen los soldados. Por ello existe gente que es capaz de entregar el don más preciado, la vida, a cambio de proteger a otros, otros que los insultarán, los despreciarán o simplemente los ignorarán. Pero eso no les impide acometer su labor de la forma más digna que existe. Y precisamente eso es lo que estaban haciendo esos seis chicos en el Líbano, lo que hacen todos sus compañeros allí, y lo que hacen otros tantos repartidos por todo el mundo: defender mi libertad, nuestra libertad.

Si no somos capaces de comprender eso (y no lo somos, doy fe) jamás seremos capaces de valorar la labor de aquellos que por un mísero sueldo, en unas míseras condiciones, son capaces de mantenerse firmes ante la adversidad.

Tampoco buscan un amplio reconocimiento social, ni la fama. Con ejercer su labor con tesón se dan por satisfechos, aunque sí que agradezcan el apoyo de los que tienen cerca, de sus familiares, o de algunos miles de ciudadanos anónimos que, en silencio, los admiramos.

Con eso les basta. Sé que no es suficiente consuelo, pero desearía que todas las lágrimas derramadas esta semana ayudaran a aliviar la pena de unas familias rotas y de 6 vidas sesgadas (con otras tantas antes). Al menos que no estén solos en la oscuridad de la tristeza.

Hoy he encontrado en el Internacional Herald Tribune una de las mejores fotografías que he visto esta semana sobre lo ocurrido en el Líbano (disculpad la calidad, pero no la he encontrado en Internet ni tengo escáner):
 


La foto, magnífica, deja gran parte de la misma para capturar el cielo azul de Madrid, ese mismo cielo desde el que los seis chavales asesinados han observado su propio funeral, ese mismo cielo en el que ahora ellos descansan en paz.

Porque sinceramente, para seguir aquí en la tierra, y tener que encontrarse con mezquinas y miserables almas que son capaces de hacer lo que os vais a encontrar en el siguiente enlace (ni he tenido estómago para reproducirlo), es mejor no estar aquí.

Jamás les estaremos lo suficientemente agradecidos, jamás. Sobre todo porque son capaces de hacer lo que hacen, son capaces de sacrificarse, son capaces de morir, para proteger a esta misma gente que no tiene ningún escrúpulo ni reparo en burlarse vilmente de su muerte.

No. Esta no es una semana de fiesta.

Profesor Xavier vs. Magneto

O Luis Margol vs. Zerolo. Muchos se ofenderán por elevar a Zerolo a la categoría de uno de los mutantes más poderosos, pero pronto entenderán que la metáfora tiene su explicación.

Con esta reflexión de hoy sábado pretendo acercar la similitud que para muchos homosexuales existe entre nuestro mundo real, y el mundo fantástico de la factoría Marvel. No en vano, la escena en la que el Bobby Drake (Hombre de Hielo) revela a sus padres que “él es un mutante” a todos nos ha evocado irremediablemente la escena de “salir del armario” frente a nuestros padres. De hecho se rumorea que esta escena fue diseñada por Ian McKellen, gay y progre, y que encarna a Magneto en las películas.

[Punto de retorno]

Los mutantes de Magneto, odian a los humanos. La lucha que enfrenta a los mutantes buenos (liderados por el Profesor Charles Xavier) y a los malos, liderados por Magneto, es precisamente esa aversión que Magneto y sus mutantes tienen hacia los humanos, a los que consideran seres inferiores y “enemigos”. Magneto lo ha intentado todo: desde mutar a todos los líderes del planeta para que así se muestren sumisos a las exigencias de él y sus mutantes lacayos (X-Men 1), hasta acabar con todos los humanos del planeta (X-Men 2).


En cambio, el Profesor Charles Xavier lidera a ese grupo de mutantes “buenos”, que ven en la convivencia entre humanos y mutantes la meta a alcanzar. Educa a los mutantes para que puedan dominar y controlar sus poderes, y emplearlos para el bien de la humanidad. Además, mantiene estrechos lazos con destacados líderes humanos como parte de su estrategia para que unos dejen de temer a los otros, y los otros no consideren a los unos como enemigos. Asimismo, los mutantes del Profesor Xavier, protegen a los humanos de los ataques indiscriminados que contra ellos lanzan Magneto y sus secuaces.


Magneto busca convertir a todos los habitantes del planeta en “mutantes” o bien acabar con ellos, ya que él considera que los humanos son seres inferiores. El Profesor Xavier y sus mutantes respetan y aman a los humanos, y considera la convivencia cordial y perfecta entre unos y otros como el escenario deseado por el que él (y los suyos) luchan. El Profesor Xavier está acompañado en la batalla por algunos de los mutantes más destacados: Tormenta, Lobezno, Cíclope, Jean Grey, Pícara, Hombre de Hielo… En cambio Magneto se ha rodeado de los mutantes más peligrosos y violentos: Mística, Dientes de Sable, Sapo, Pyro…


Por otro lado están los humanos que respetan a los mutantes, y… los que los odian. Estos humanos que odian y temen a los mutantes son la justificación perfecta para la actitud de los mutantes de Magneto y de hecho son sus mejores aliados. Los mutantes reunidos por Magneto siembran el caos y la violencia, en una siempre provocativa actitud que busca tener a cuantos más humanos en contra para así justificar su odio hacia estos. Y también hay humanos que pretenden “curar” a los mutantes (X-Men 3).


Esta es a grandes rasgos la situación que se nos describe en el mundo fantástico de la factoría Marvel, y que, salvando las distancias, puede aplicarse al mundo real con unas pequeñas modificaciones. Os sugiero que volváis al punto de retorno y mentalmente hagáis las siguientes sustituciones:

-    Profesor Charles Xavier -> Luis Margol
-    Magneto -> Pedro Zerolo
-    Mutantes buenos -> libero-gays
-    Mutantes malos -> mariprogres
-    Humanos -> heterosexuales
-    Mutantes -> homosexuales


A grandes rasgos, podréis comprobar cómo a veces la ficción no está tan lejos de la realidad.

Y tú, ¿de qué lado estás?

El otro lado

Lo malo (y bueno) de estar en medio es que recibes palos de todos los lados. Ya he (hemos) tenido una buena dosis de desprecio por parte de las mariprogres (Margol dixit) y de los progres en general. Pero la popularidad conseguida a través de LD nos ha traído también algunas visitas poco contentas del otro lado, el lado más “conservador” del PP.

Con frases como “ahora que el PP se está llenando de maricas es hora de buscarse otro partido” o “el PP es un partido de derechas, hay que expulsar a los homosexuales”, se han despachado algunas visitas o comentarios en otras páginas webs en referencia al supuesto voto gay al PP. Ambos razonamientos, por llamarlos de alguna forma, parten de una hipótesis errónea, y es que el PP no se está llenando de “maricas”, éstos siempre han estado (y estarán) ahí, al igual que están las mujeres o los calvos.

Apelando a que el PP es un partido “de derechas” se rechaza tanto la tendencia liberal de algunos de sus líderes (léase Esperanza Aguirre) como el flirteo con los homosexuales (por ejemplo la entrevista a Gallardón en ZERO). Puesto que el PP “se vende” como un partido de derechas, son los valores cristianos, patrióticos y morales los que deben prevalecer, rechazando, entre otras cosas, una política de libertad en lo económico que implique la libre circulación de tierra, trabajo (entendida como mano de obra) y capital. Este sector apela a una política económica de “centro” con guiños socialdemócratas, además de considerar que conservadurismo y liberalismo son términos opuestos y por lo tanto no pueden estar reflejados ambos en la política de un mismo partido político (el PP).

Este razonamiento, a mi juicio, es erróneo. Sobre la posibilidad de reunir en un mismo partido a gente con espíritu liberal y a personas conservadoras hasta la médula se puede encontrar la razón en la peculiar característica política de España: “Spain is different”. En un país normal, la alternancia entre fuerzas políticas debería de producirse entre un partido conservador y un partido liberal, peleando ambos, con criterios más o menos opuestos, por el bien general de la nación que gobiernan. En España, estas dos tendencias se han tenido que unir para luchar juntas contra el adversario común: la izquierda. En ningún país medianamente avanzado y con una democracia estable e histórica existe un partido de izquierdas que reuna en su seno tendencias comunistas cuya erradicación se está produciendo a lo largo y ancho de toda Europa (no digamos ya en norteamérica). Esta causa, la lucha contra ese adversario común enemigo tanto del conservadurismo como del liberalismo es lo que ha propiciado que en el PP se reúnan ambas tendencias que pueden chocar a veces, y de hecho lo hacen.

Desde mi punto de vista estas dos tendencias no tienen por qué estar reñidas dentro de una moderada visión de ambas, es decir, sin tender hacia el anarcocapitalismo ni hacia el ultracatolicismo, por poner dos ejemplos. Si partimos de la base de que Iglesia y Estado deben ser dos entes radicalmente separados (que no opuestos) no debería existir ningún conflicto de intereses. Los liberales (habría que especificar qué se entiende por este término) pueden poseer un enraizado sentimiento nacional, ser creyentes y estar a favor del concepto tradicional de familia entendido este como base de la sociedad, sin entrar en ninguna contradicción. De la misma forma, los conservadores (también deberíamos definir qué entendemos por este término) pueden defender unos valores y creencias sin que la libertad de mercado e individual les sea molesta. Siempre, eso sí, que esos valores no intenten inculcarlos en los demás, y mucho menos a través de la acción del Estado.

Por lo tanto creo que en términos generales no existe contradicción alguna en la existencia de ambas tendencias dentro de un partido político como es el Partido Popular, al menos mientras en frente se tenga a una izquierda revolucionaria, antisistema y filoterrorista. Es obvio que tanto los ultracatólicos como los ancaps necesitarían otro partido para poder reflejar más fielmente su sentir político, teniendo los primeros algunas alternativas como puede ser la de Alternativa Española, opción política válida pero que obviamente no comparto.

Así pues, nadie puede recriminar al Partido Popular que se esté “llenando de maricas” (falaz y falso de raíz) simplemente por el hecho de que ciudadanos libres ejerzan su libertad de voto hacia este partido, como es el caso de los ciudadanos homosexuales. Si a alguien le molesta que yo ejerza mi libertad de voto, entonces el problema ya entra dentro del totalitarismo político.

Que existe esta tendencia dentro del PP (los menos), no lo voy a negar, y de hecho ya hay algunos colegas alertando de ello. Afortunadamente el PP no parece estar dispuesto a ello. Pero no será hasta que ese “enemigo común” sea batido en las urnas y hasta que, con el PP en el gobierno, se produzca una profunda reforma del sistema democrático que permita una mayor fragmentación política, un saneamiento de la democracia y una verdadera democracia representativa, cuando los ciudadanos podrán elegir cómo quieren verse representados y por quién quieren verse representados.

Hago esta reflexión (que quede claro que es simplemente mi opinión y que no pretendo sentar cátedra sobre nada) y suelto este aburrido tochazo para que cada uno pueda situarse realmente donde quiere estar situado (políticamente hablando), evitando que discursos hirientes contribuyan a una autodestrucción que tanto desea la izquierda para así perpetuarse en el poder y terminar de destrozar este país que hasta hace poco era conocido como España.

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