La actuación de los nuevos adalides de la lucha contra el cambio climático me recuerda demasiado al islamofascismo. O aceptas al 100% las enseñanzas, augurios y premoniciones del profeta Gore,
o serás considerado un infiel por las hordas ecofascistas, que te condenarán al ostracismo y la vergüenza (cuando no a la muerte más dolorosa) para toda la eternidad.
La cantidad de apóstoles, fieles y “jihadistas” que apoyan y siguen ciegamente a Gore en su lucha contra el calentamiento global y el cambio climático crece exponencialmente por todo el planeta, al haber descubierto en éste, el cambio climático, el argumento perfecto para demoler el edificio capitalista de las sociedades libres, toda vez que el comunismo ya ha perdido su efectividad y razón de ser (si alguna vez la tuvo). De hecho no es de extrañar que sean las izquierdas, las que menos se han preocupado por la vida de nadie a lo largo de 100 años, las que se hayan convertido en portavoces y megáfonos del nuevo Apocalipsis, haciendo sucumbir hasta al mismísimo Bush.
Por ello recorren el planeta extendiendo una encarnizada guerra contra el avance tecnológico y contra el desarrollo industrial, censurando a todos los que no les siguen incondicionalmente (pero callando si es China, el gran gigante rojo, quien les ignora).
La última víctima de este ecofascismo ha sido Mariano Rajoy, quien, con bastante sensatez (e incluso escasa contundencia) ha comentado que “no se puede convertir al cambio climático en el gran problema mundial”. Simplemente porque no lo es.
Pero ahí estaban las organizaciones ecologistas, esas usurpadoras del dinero público vía subvención, quienes han visto en el calentamiento global una nueva forma de vida que les permita subsistir en un mundo cada vez menos dispuesto a dar dinero para que otros vivan gratis. Demasiado similar a los colectivos activistas homosexuales, demasiado. Y también el PSOE, para quien el cambio climático es, y cito textualmente, un "problema incuestionable" (¿es o no es fascismo?), retando a Rajoy a que se explique cuando son ellos los que se tendrían que explicar.
Por ello me permito desde aquí alertar contra este nuevo ecofascismo y contra los eco-jihadistas que lo acompañan:
- La “biblia” del cambio climático, “Una verdad Incómoda”, de Al Gore, contiene inexactitudes, mentiras, imprecisiones y manipulación de datos. Os recomiendo leer este artículo de Castilla la Mancha Liberal.
- En su afán de la búsqueda por energías alternativas, los ecofascistas han convertido en su piedra de toque los biocombustibles. Pues bien, estos biocombustibles no sólo son más caros de producir, sino que además contaminan más (se emite más CO2 en su producción para resultados energéticos equivalentes) sino que además incrementan las desigualdades territoriales, la pobreza y el hambre de los países menos desarrollados.
- Obviamente, ni la energía nuclear se puede plantear como alternativa, ni los transgénicos como herramienta para paliar el hambre. Sobre todo porque la solución de los problemas dejaría sin argumentos a los ecofascistas y por ende, sin su cómodo medio de vida.
Es decir, el ecofascismo, además de limitar la libertad individual y convertirse en una nueva religión a la que se debe seguir ciegamente, conseguirá frenar el desarrollo económico de los países avanzados, llenar de obstáculos el progreso de los países en vías de desarrollo, y empobrecer aun más a los países del tercer mundo. ¿Y todo para qué?
Para enriquecer a un hombre que no cumple nada de lo que predica, y que se está enriqueciendo a costa de los ignorantes acólitos que va encontrando por el planeta. En España además ha encontrado un filón.
Yo ahorro agua y evito su desperdicio. Separo las basuras y reciclo vidrio, envases y papel/cartón. Ahorro energía. Apoyo la construcción de parques eólicos y la investigación de energías alternativas. Pero me niego a creer que el avance tecnológico mundial se deba detener porque alguien haya manipulado la muerte de 4 osos polares, y nadie se haya molestado en descubrir sus mentiras.